miércoles, 28 de marzo de 2018

Eneagrama de la personalidad: Usos y abusos

por Jordi Gil.
Psicólogo Barcelona. 
Terapeuta Gestalt
La psicología de los eneatipos, o eneagrama, es una excelente herramienta de autoconocimiento y nos permite vislumbrar con claridad los modos de ser, estar y hacer propios y los de los demás. Sin embargo, todo poder conlleva una responsabilidad y un saber hacer. ¿Cuándo hacemos un buen uso, y cuándo un mal uso de la psicología de los eneatipos?

La psicología de los eneatipos como mapa

El eneagrama es un mapa de la personalidad complejo y profundo. 

Es una herramienta muy poderosa.

Como todo mapa a veces no abarca todos los territorios de la realidad humana.  

El mapa no es el territorio, dijo Korzybski, el origen de esta frase es muy ilustrativo. En la Primera Guerra Mundial parece ser que la afirmó cuando cayó, junto con la tropa que dirigía, en una profunda fosa que no figuraba en los mapas.


Ningún mapa podrá jamás abarcar completamente el universo de la experiencia humana.
Lo que sí nos permiten los mapas es poder navegar por el océano experiencial.

La psicología de los eneatipos es una excelente herramienta de autoconocimiento nos permite vislumbrar con claridad los modos de ser, estar y hacer propios y los de los demás. Nos facilita y nos empodera. El saber cómo es mi carácter, y el de los demás, me facilita gestionar mis relaciones con un mayor autoapoyo y orientacion. Conocer como funciono/amos favorece una mejor gestión de las vivencias por las que transitamos.

Todo poder conlleva una responsabilidad y un saber hacer. Y a veces se usa de un modo ecológico y a veces de un modo tóxico. El fuego puede calentar o quemar.

¿Cuándo hacemos un BUEN uso de la psicología de los eneatipos?

Hacemos un buen uso de la psicología de los eneatipos cuando:
Accedemos a un mayor autoconocimiento a través de una actitud honesta con nosotros mismos, con nuestros dones y miserias, explorando nuestra forma de ser mediante un trabajo de conciencia. 
Exploramos desde la curiosidad el misterio de lo humano.

Facilitamos la comprensión mutua. El reconocer el carácter del otro, su estrategia para afrontar lo que le es fácil o difícil es importante que favorezca la compasión y la amabilidad con el otro. Todos sufrimos, de distinta manera y por distintas cuestiones que nos mueven y conmueven. Se trata de aprender a reconocer y atender el sufrimiento propio y del otro.

Nos permite reconocer y gestionar de un modo amable nuestras facilidades y nuestras dificultades, las piedras con las que siempre tropezamos y nos ayuda a ver y convivir con un otro que hace lo que puede con la cruz que lleva.

Contactamos con su sentido de unión, todos nos configuramos desde nuestro sufrimiento y construimos una estrategia ante nuestras angustias básicas. Todos poseemos un carácter.
Clarifican nuestras relaciones y qué se le mueve a cada persona desde su carácter.

¿Cuándo hacemos un MAL uso de la psicología de los eneatipos?

Hacemos un mal uso de la psicología de los eneatipos cuando:
Cuando calificamos/juzgamos la conducta del otro sin profundizar en su experiencia o la banalizamos con expresiones del tipo “esto es una sietada” o” esto es típico de un eneatipo 3 desconectado”.
Un mal uso sutil es cuando nos condicionamos a través de la categoría diagnóstica, “cuando supe que su eneatipo era el 6enseguida supe que no nos entenderíamos jamás”.

Cuando lo usamos como un arma de doble filo y de repente la usamos como una agresión encubierta o como un arma arrojadiza. Minimizamos y maltratamos al otro, “esto te pasa por ser una 9 sumisa” desde nuestro conocimiento del eneagrama.

Si limitamos nuestras relaciones desde el prejuicio del conocimiento, “nunca me veras con un eneatipo 2” y las rigidificamos “yo solo me relaciono con mentales, los emocionales son unos pesados, me sacan de quicio”, y dejamos de trabajarnos qué nos pasa con algo que no es difícil.
Otra perversión de este conocimiento es justificarnos desde el mismo, “sabes que pasa que soy un eneatipo 7 y me cuesta mantener compromisos” en vez de dar la cara y confrontar nuestras facilidades y dificultades.

Toda disciplina terapéutica debe ir acompañada de una ética del cuidado.

Quizás este sea el único "debería" obligatorio de todo conocimiento.

Somos complejos, somos más que un carácter.

Somos humanos.  

Une el poder orientador de la psicología de los eneatipos con una mirada humana y profunda hacia la experiencia humana. Sé humilde, no des por supuesto como el otro es o cómo vive lo que vive.

Tomado de: https://www.gestaltsalut.com/psicologia-eneatipos-usos-abusos/

miércoles, 13 de septiembre de 2017

sábado, 2 de septiembre de 2017

El resentimiento en la Psicoterapia Gestalt

Buenaventura del Charco Olea
Director de Aprende Viendo Terapia,
 España.
El resentimiento, según la RAE hace referencia al “sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufridos y que se manifiesta en palabras o actos hostiles”. Pero, además, el resentimiento es el enfado que viene por el hecho de que ese daño provocado, viene de no atender una determinada exigencia, como a ser respetados, escuchados o valorados, por ejemplo.

El derecho que tiene cada ser humano a exigir a otro es un tema espinoso. El propio Perls planteó en su afamada “Oración gestáltica” que cada uno hace su parte en la vida y que no estamos aquí para cubrir las exigencias de otros sino las nuestras propias, que esa es la responsabilidad para obrar nuestra propia felicidad.

Sin embargo, en nuestra vida diaria, continuamente exigimos cosas a otros, ya que muchas de nuestras necesidades o cosas que queremos, sólo podemos satisfacerlas a través de los otros. El problema, probablemente, sea que expresamos las exigencias de forma muy deshonesta, en el sentido gestáltico del término (es decir, que no somos claros y directos cuando las realizamos, sino que las maquillamos y endulzamos para que sean menos amenazantes, de tal forma que no asumimos la responsabilidad de nuestra exigencia/petición de forma clara y sincera). Una exigencia, entendiéndola como una petición clara al otro, es una acción congruente, enérgica y responsabilizada: al plantearle de esta manera, el sujeto está asumiendo la responsabilidad de dicha petición y está evidenciando aquello que necesita o desea del otro, y de su postura al respecto.

Tal y como señala John Stevens, esto es algo que suele resultar muy amenazante, por lo que la mayoría de las veces no expresamos de forma asertiva nuestras exigencias en las relaciones interpersonales, ya que el miedo, a que el otro no quiera atenderlas (lo cual eslógicamente legítimo), que nos rechace o nos juzgue por pedirlas, que se evidencien nuestras fallas o debilidades (cuando exigimos cariño, o que no se nos digan determinadas cosas, por ejemplo, estamos mostrando nuestro lado más vulnerable) o que nos transmitan que esa exigencia es una responsabilidad propia, y que por tanto debemos satisfacer nosotros y no a través de otro, hace que normalmente no las expresemos de forma clara, sino que las disfracemos de acusaciones, requerimientos, lamentos, quejas o llamadas de atención más o menos directas. Esperamos que el otro detecte nuestras necesidades, sin tener que exigirlas ni plantearlas abiertamente.
NO SOMOS CLAROS Y DIRECTOS CUANDO LAS REALIZAMOS, SINO QUE LAS MAQUILLAMOS Y ENDULZAMOS PARA QUE SEAN MENOS AMENAZANTES, DE TAL FORMA QUE NO ASUMIMOS LA RESPONSABILIDAD DE NUESTRA EXIGENCIA

Es por esto por lo que tendemos a disfrazarlas, pero ello conlleva que de tanto repetirlas en este formato disfrazado y deshonesto, llega un momento en el que ni siquiera nosotros mismos las entendemos. Nuestra exigencia se vuelve confusa por no ser expresada abiertamente, y al no ser satisfecha, algo que difícilmente ocurrirá aun si el otro tiene buena disposición debido a que no la planteamos de forma clara y enérgica, acaba generando en nosotros sensación de resentimiento hacia el otro. “Nunca me dejas hablar, siempre tengo que oír tus broncas” es un resentimiento que conlleva una exigencia detrás: Exijo que me escuches y me dejes expresar mi criterio. La exigencia, aun siendo brusca, permite una oportunidad de entendimiento y resolución, mientras que este tipo de resentimientos, rara vez generan algo más oportuno que conflicto y hacen que el paciente eluda su propia parte, quedándose anclado en la queja. Tal y como decía Fritz Perls en sueños y existencia: Detrás de toda queja existe un no asumir la propia responsabilidad. En este caso, en la queja del resentimiento existe la no asunción de la responsabilidad de plantear de forma clara y descubierta nuestra exigencia con el otro.

Es por esto, por lo que el trabajo de clarificación de resentimientos con los pacientes, es particularmente importante en psicoterapia. Merece la pena invertir tiempo en sesión, en explorar los resentimientos que expresan los pacientes, y al oírlos no sólo validarlos y reflejarlos empáticamente, sino profundizar en ellos, “seguir su rastro” y recorrerlos “río arriba” para ver su origen, es importante que el paciente exprese y verbalice sus resentimientos y conforme lo hace profundice y toma conciencia de cómo se siente, y sobre todo, que mensaje enérgico necesita expresar para solucionar el problema de ese resentimiento, cual es la responsabilidad que existe detrás de la queja, qué tipo de exigencia asertiva debe realizar al otro.

Al verbalizarlas de manera clara, también, el paciente podrá tomar conciencia de cuales de sus exigencias son lógicas, y cuales, por el contrario, se trata de deseos de no asumir la responsabilidad de ciertas acciones o ciertas realidades que debe aceptar. También, realizando ejercicios como ser las partes (silla vacía, ejercicios de fenomenología siendo el otro…) podrá darse cuenta de cuáles de sus exigencias son inasumibles para el otro, lo que le ayudará a saber si tiene sentido seguir esperando algo de otro que no podrá nunca darlo.

Como siempre, el problema es que el mundo real nunca es igual que el mundo ideal que nos gustaría, esa zona de fantasía sobre “cómo deberían de ser las cosas” con la que realmente vivimos en lugar de aceptar el mundo real y hacer las acciones congruentes con dicha realidad. Vivimos más en contacto con esa zona de fantasía que con la propia realidad, de ahí que nos quedemos esperando y resentidos con los demás y nosotros mimos por protegernos del rechazo o el malestar que genera la exigencia clara y honesta.

MERECE LA PENA INVERTIR TIEMPO EN SESIÓN, EN EXPLORAR LOS RESENTIMIENTOS QUE EXPRESAN LOS PACIENTES, Y AL OÍRLOS NO SÓLO VALIDARLOS Y REFLEJARLOS EMPÁTICAMENTE, SINO PROFUNDIZAR EN ELLOS, “SEGUIR SU RASTRO” Y RECORRERLOS “RÍO ARRIBA” PARA VER SU ORIGEN

Hay que entender que la exigencia no implica la obligación del otro de satisfacerla, sino el acto de congruencia del sujeto consigo mismo de demandar aquello que necesita y que considera justo en su relación interpersonal del otro. Lo importante, no es el resultado de aquello que ocurra (en este caso que la exigencia sea satisfecha o no) sino que el paciente pueda entender su necesidad y emprender la acción de pedir aquello que necesita, si el otro no desea satisfacerla, porque no puede o no lo desea, el paciente deberá elegir una consecuencia, pero saldrá de ese estatus quo en el que se mantenía en el que no expresa su exigencia de manera clara por el miedo a las consecuencias pero, precisamente por eso, tampoco podía verla satisfecha, quedándose enganchada en el resentimiento.

Cuando nos negamos a expresar el resentimiento, como cualquier otra emoción, esta no desaparece, se trata de una conducta evitativa que nos ahorra el malestar del conflicto inmediato, pero que, a la larga, nos impide poder solucionar los problemas y cubrir nuestras necesidades, emponzoñando las relaciones y también creándonos confusión y haciéndonos sentir menos capaces de lo que realmente somos. Expresarlo de manera encubierta o adulterada, como queja, lamento o crítica, nos ayuda a “pasar de puntillas” por el mismo, y de tener la falsa sensación de satisfacerlo parcialmente al emprender una acción parecida, pero es algo que sólo garantiza que el resentimiento siga ahí intacto, esperando ser expresado, fijado como figura que no podrá pasar a ser fondo hasta que no sea satisfecho plenamente mediante la honesta exigencia, lo que hará que otras muchas necesidades y realidades de esa y otras relaciones, queden siempre como fondo, impidiendo conectar con ellas.
Tal y como señala Stevens: “Sólo la plena aceptación y expresión de un sentimiento le permite completarse y dejar camino para algo más. (…) Toda reticencia a ser honestamente lo que soy y hacerle saber lo que siento y vivencio, pone distancia entre nosotros. La expresión embozada de mis sentimientos y acciones añade confusión adicional, resentimiento y dificultades a cualquier problema real que exista entre nosotros.”


Artículo publicado en Aprende Viendo Terapia, la plataforma online y presencial de entrenamiento en habilidades terapéuticas.

Tomado de: https://www.psyciencia.com/el-resentimiento-en-la-psicoterapia-gestalt/

sábado, 26 de agosto de 2017

¿Qué es la autorregulación emocional y por qué es tan importante en la crianza?


Jordi Gil Martin
Co-Director Gestalt Salut Psicoterapia

La mayor conquista de una crianza consciente es que el niño sepa autorregularse, es decir que conquiste su autorregulación emocional, aunque este término también incluye lo corporal y lo cognitivo.

Uno de los fundamentos básicos de la Terapia Gestalt es que todos nacemos con una capacidad de autorregulación, el organismo nace con una sabiduría organísmica, que le permitirá detectar y registrar aquello que necesita para poder satisfacerse y desarrollarse, pudiendo metabolizar lo agradable, lo desagradable y lo neutro del vivir.

En la crianza consciente, esta capacidad en potencia necesita de un cuidador primario que la actualice, nutra y no la interfiera.

La regulación y la modulación de la respuesta emocional es una capacidad que debe desarrollarse.

El adulto colabora con el niño para regular sus estados internos, y para que éste interiorice un modelo de gestión emocional ecológico con sus necesidades y con el medio.

Al principio la cría humana necesita que sea el adulto quien le aporte necesidades materiales por ejemplo agua, calor, higiene…  y necesidades emocionales como una caricia, sentirse visto y respetado, calma…

Este abastecimiento material y afectivo le permite al pequeño recuperar su estado de bienestar y activar su homeostasis. Y desde allí construir e interiorizar mecanismos para autorregularse y autoabastecerse. 


“Una posible definición de la autorregulación podría ser la capacidad de todos los seres vivos de regular espontáneamente las propias funciones vitales, de contactar con las necesidades básicas y de buscar su satisfacción.”
Hendrik Vaneeckhaute 


Cómo cultivar la autorregulación en la crianza
Cuando hablamos de autorregulación emocional en relación con los niños pequeños, no estamos hablando de abandonarlos a su instinto o de dejar que hagan absolutamente todo lo que les dé la gana. En realidad se trata de asistirlo en conocer sus necesidades, en estar atentos a ellas y ofrecerles un entorno físico-emocional que les permita la satisfacción de sus necesidades básicas para que de a poco sea él mismo quien se autoabastezca de lo que necesita para regular sus estados físicos y emocionales.

La asistencia externa lo llevará de forma natural a una autoasistencia material y psicológica.

Se trata de guiar a los niños a detectar sus necesidades y orientarlos en las distintas maneras de gestionarlas.
“Si estás cansado túmbate un poco con papá”
“Si estás enfadado, quizás te siente bien hablar o jugar un rato”

Estas intervenciones despiertan y fundamentan la capacidad innata de autorregulación que posee todo organismo vivo.

El cuidador actúa pues como un regulador bioquímico de los estados internos del niño, la cual cosa propicia la creación de circuitos neuronales que se asocian e implementan en el sistema nervioso del niño, y que se activarán cuando sea preciso..

El cuidador actúa de neocórtex externo hasta que el pequeño adquiere el suyo, y ya es capaz de percibir, identificar, nombrar y gestionar la propia afectividad.

Incorporamos lo que percibimos, lo imitamos y lo creamos.

En definitiva la autorregulación es la habilidad de un niño para gestionar su organismo. Se desarrolla con el tiempo, e involucra su desarrollo social, emocional y cognitivo.

La autorregulación puede también ser considerada como la integración de la emoción-sensación (lo que siente un niño) y la percepción cognitiva de sus capacidades para gestionarlas (lo que el niño sabe o puede hacer) la cual cosa da como resultado un niño capaz de regularse y modular su experiencia de un modo estable y acorde a sus necesidades. Implica una integración cuerpo-cognición-emoción

La autorregulación da como resultado una inteligencia holística. El niño reconoce lo que le sienta bien y lo que le es tóxico.

10 sugerencias para facilitar la autorregulación innata en los niños:
A continuación comparto 10 factores que facilitan la autorregulación, que puedes empezar a aplicar en la crianza de los más pequeños:
  1. Adaptarse al temperamento del niño y responder a sus necesidades. La empatía es crucial, afecta directamente a la forma de aprendizaje de la autorregulación.
  2. Usar el lenguaje (especialmente nombrar las emociones) ayuda a desarrollar la autorregulación y sienta las bases para el aprendizaje futuro del niño.  
  3. Proporcionar estructura y predictibilidad. Anticipe las transiciones y anuncie por anticipado los cambios en las rutinas cotidianas normales.
  4. Mostrar un modelo de gestión de las emociones.
  5. Equilibrar la contención y la expresión emocional.
  6. Modelar el autocontrol y la autorregulación en nuestras palabras y acciones cuando el niño/a se sienta frustrada, molesta, o entusiasmada.
  7. Hablar en positivo. La experiencia no sabe nada de la negación o de la carencia. Encuentre maneras de decir sí en lugar de no. Por ejemplo, “Puedes golpear esta olla con una cuchara” en lugar de “No golpees el vaso en la mesa”. Dígales lo que es posible en lugar de lo que no es. Por ejemplo, diga “Camina por favor” en lugar de “No corras”.
  8. Aportar un vocabulario emocional. Nombre las emociones, usando palabras como feliz, triste, avergonzado, y orgulloso para describir cómo se siente.
  9. Ofrecer oportunidades para la creatividad y el juego. Participar en los juegos. Anticipar el comportamiento inapropiado y redirigirlo.
  10. Aportar confianza en lo espontáneo. Aprender a regular sus procesos espontáneos implica confiar en éstos, no es ni bueno ni malo estar triste, sólo es cuestión de atender mi tristeza
De estas maneras se facilita que el niño aprende a vivir desde adentro y se aleje de un vivir desde afuera – por obediencia a la obligación o preocupación por la auto-imagen-, puede decir sí o no a lo que vive en las relaciones desde su mundo interno, y teniendo cuenta el externo.

Por Jordi Gil Martin - Co-Director Gestalt Salut Psicoterapia